lunes, 9 de abril de 2012

Felices Pascuas de Resurrección

Un Ángel del Señor, refulgente como un rayo, desciende del Cielo. A su vista caen como muertos los guardias. El Ángel remueve la piedra del sepulcro, y, como el sol en su esplendor, sale del sepulcro el Señor resucitado.

¡Qué gloria la suya!

¡Aleluya, aleluya, aleluya!

sábado, 17 de septiembre de 2011

17 de Septiembre: Impresión de las Sagradas Llagas de San Francisco

En el monte Alvernia de Toscana, la conmemoración de laImpresión de las sagradas Llagas, que por singular favor de Dios fueron impresas en las manos, pies y costado de san Francisco, Fundador de la Orden de Menores.


17 de septiembre
IMPRESIÓN DE LAS
SAGRADAS LLAGAS
EN SAN FRANCISCO



¿Hay entre vosotros alguno que esté triste?
Que haga oración.
(Santiago 5, 13)

San Francisco de Asís, un día en que estaba en oración, vio aparecer a Jesucristo bajo la forma de un serafín crucificado. La vista de su Salvador le causó un gozo inefable, pero su crucifixión le atravesó el alma como acerada espada. Después de un secreto coloquio, desapareció la visión, dejando el alma de Francisco abrasada de seráfico ardor, y su cuerpo señalado con las llagas del divino Redentor. El santo religioso se esforzó en esconder ante los ojos de los hombres la merced que se le había concedido, pero Dios se complació en manifestarla mediante refulgentes milagros.

MEDITACIÓN
SOBRE CÓMO HAY QUE
VENCER LA TRISTEZA

I. Cuando estamos agobiados bajo el peso de la tristeza, cuando la malicia de nuestros enemigos, la infidelidad de nuestros amigos, los sufrimientos de nuestro cuerpo y tantos otros acontecimientos desfavorables nos colman de amargura, buscamos un amigo fiel para descargar nuestro corazón en el suyo. ¿Dónde encontrar un amigo más fiel que Jesús? Vayamos, pues, al pie de los altares, confiémosle el motivo de nuestras lágrimas, roguémosle que nos libre de nuestras penas. Interroguémosle, escuchemos lo que nos diga en el fondo del corazón, y pronto seremos consolados. Me acordé de ti, Señor, y me alegré (El Salmista).

II. Para disipar la tristeza, consideremos que existen personas más desventuradas que nosotros. ¡Tantos pobres en los hospicios, tantos enfermos en su lecho sufren mucho más que nosotros! Las benditas almas del purgatorio, los condenados en el infierno, sufren tormentos incomparablemente más crueles que los que nos hacen gemir a nosotros. Aceptemos de buen grado esta tristeza para expiar nuestras faltas. Si una hora de pena te resulta intolerable, ¿cómo sufrir los suplicios eternos del infierno? Piensa en esta verdad y ya no derramarás lágrimas sino para borrar tus pecados.

III. Piensa en la tristeza que se apoderó del corazón de Jesucristo en el huerto de los Olivos; piensa en los tormentos que por ti soportó en la cruz, y di con Él: “Padre mío, que se haga vuestra voluntad; si queréis que gima durante toda mi vida, me someto a vuestra santa voluntad”. Después de todo, no debemos esperar estar siempre alegres y contentos, puesto que Jesucristo y los santos han estado siempre en aflicción y lágrimas. Señor, quiero llorar con Vos, porque nadie puede gozarse en la tierra con el rico epulón y reinar con Dios en el cielo. Los cristianos deben temer los gozos de la vida presente y desear los sufrimientos con ardor (San Juan Crisóstomo).

La oración.
Orad por las órdenes religiosas.

ORACIÓN

Señor Jesucristo, que, para sacar al mundo de la tibieza en que había caído e inflamar nuestros corazones con el fuego de vuestro amor, habéis impreso en el cuerpo del bienaventurado Francisco las Sagradas Llagas de vuestra Pasión, dignaos, en vista de sus méritos y de su intercesión, concedernos la gracia de llevar constantemente la cruz y hacer dignos frutos de penitencia. Vos que con el Padre y el Espíritu Santo vivís y reináis por los siglos de los siglos.

Martirologio Romano (1956)
17 de septiembre

Fuentes:
- Santoral de Juan Esteban Grosez, S.J. - Tomo III; Patron Saints Index.

viernes, 26 de agosto de 2011

Bosquejo bibliográfico y perfil espiritual del Siervo de Dios Beato Fray Junipero Serra


1.- Nacimiento, Bautismo, confirmación, profesión religiosa.

El 24 de noviembre de 1713 nacía el tercer hijo del matrimonio campesino formado por Antonio Serra y Margarita Rosa Ferrer, naturales y vecinos de Petra (Mallorca). El niño, nuestro Siervo de Dios, recibió en el sacramento del bautismo, administrado el mismo día, los nombres de Miguel José. De los cinco hermanos que tuvo, sólo una niña, Juana María, sobrevivió; uno de los hijos de ésta sería luego el religioso Capuchino Fray Miguel de Petra, matemático y arquitecto renombrado. Don Atanasio Esterripa, obispo de Mallorca, confirmó el 26 de mayo de 1715 a Miguel José.

Cuando sus fuerzas lo permitieron, el joven ayudó en las faenas agrícolas, al paso que frecuentaba la escuela aneja al vecino convento franciscano de San Bernardino, de cuya Iglesia fue Acólito. El trato continuo con los religiosos suscitó en él la vocación y un cierto día de septiembre de 1729 marchó con sus padres a Palma, capital de la Isla, resuelto generosamente a consagrar su vida a Dios. El 14 de septiembre de 1730 vistió el hábito franciscano en el monasterio de Santa María de los Ángeles de Jesús, extramuros de la ciudad de Palma. Al pronunciar la profesión religiosa el 15 de septiembre de 1731, cambió su nombre por el de Junípero, el amable compañero de San Francisco cuya simplicidad tanto admiraba.

2.- Sacerdocio. Actividades en Mallorca.

La Provincia Franciscana Insular tenía su centro de estudios en el grandioso convento de San Francisco de Palma, fundación del Rey Jaime II; aquí transcurrieron los dieciocho años sucesivos de Junípero, quien, superados con brillantes los tres años de Filosofía, emprendió los estudios Teológicos y los concluyó en junio de 1737. Sabemos que en marzo del año anterior había recibido el diaconado, pero ninguna constancia queda del día y año de su ordenación sacerdotal; en cambio, se conocen las fechas en que se le otorgaron facultades para predicar y oír confesiones.

Apenas cumplidos los 24 años, Fray Junípero concurrió a oposiciones para Lector de Filosofía el 29 de noviembre de 1737 y en enero de 1740 fue destinado a enseñarla en el convento de San Francisco. Hasta 1743 ejerció la docencia de Filosofía escotista. Después de Doctorarse en Teología en 1742, fue elegido para desempeñar la cátedra de Prima de Teología escotista en la Universidad Luliana de la Capital, empeño que comenzó el 25 de enero de 1744. Estamos informados de que se le reputaba cual profundo y sabio profesor y un manuscrito relativo a la Universidad revela que participó en casi cien exámenes.

Aunque el estudio y la enseñanza ocuparon estos años de su vida, el Siervo de Dios no descuidó el celo sacerdotal por las almas. Severo consigo mismo, era muy requerido de sus penitentes, a los que trataba con caridad comprensiva. Recorrió toda Mallorca, llamado a predicar en numerosos púlpitos: su ciencia y dotes oratorias cosecharon abundante fruto espiritual, sobre todo durante las Cuaresmas.

Hacia finales de 1748, sin que podamos determinar la fecha, Fray Junípero experimentó el llamamiento interior de misionero entre infieles. Contaba ya 35 años y la decisión a tomar era muy importante; por eso oró con fervor al Señor y mantuvo secreto su designio hasta que su discípulo Francisco Palóu le confió idéntica vocación. Las necesarias Obediencias llegaron cuando Junípero se hallaba predicando la Cuaresma de 1749 en Petra, su pueblo natal. Al salir de allí el 8 de abril, nada comunicó a sus ancianos padres y familiares sobre el inminente viaje para América. El día 13 se despidió de la Comunidad de San Francisco de Palma besando las pies incluso al menor de los novicios, luego, Palóu y él zarparon hacia Málaga y después a Cádiz.













Fray Junipero recibiendo el Viático

3.- En Nueva España, Misionero en la Sierra Gorda.

El 18 de Octubre de 1749 anclaba el navío en San Juan de Puerto Rico y los 27 religiosos dieron una Misión de 8 días a la población; sus espléndidos resultados fueron atribuidos por unanimidad al entusiasmo desplegado por el Siervo de Dios. El 7 de diciembre, después de 99 días de penosa travesía, el barco entró en Veracruz.

Mientras Fray Junípero recorría a pie las cien leguas hasta la capital del Virreinato, se le formó una llaga que afectaría a la pierna izquierda durante el resto de su existencia. En la mañana del 1 de enero de 1750, Serra y su acompañante fueron recibidos por Palóu en el Colegio Apostólico de San Fernando, emplazado entonces a las afueras de la Capital.

A finales del siglo XVII, las misiones franciscanas de América conocieron un periodo de esplendor iniciado en 1683, año de la fundación del Primer Colegio Franciscano de Propaganda Fide en Nueva España, el de Santa Cruz de Querétaro, erigido por el Mayorquín Fray Antonio Linás de Jesús. El de San Fernando de México, al que perteneció Fray Junípero, había empezado a funcionar en abril de 1734 y sus miembros evangelizaron enormes extensiones del virreinato de Nueva España hasta 1853.

Durante los cinco meses de estadía en San Fernando, el Siervo de Dios prodigó ejemplos de vida interior fervorosa: autorizado por el Maestro, añadía los ejercicios de piedad a los novicios al riguroso horario de la comunidad. Cuando el Padre Guardián solicitó voluntarios para las Misiones de la Sierra Gorda, él fue el primero en ofrecerse. En compañía de Palóu, llegó a Jalpan, Centro Fernandino de la Sierra, el 16 de junio de 1750; allí quedaron ambos como ministros.
Poco a poco, sus pláticas edificantes calaron en las mentes elementales de los indígenas y según Palóu, se logró que unos cien frecuentaran los sacramentos fuera edl tiempo pascual. A mediados de 1751, el Siervo de Dios hubo de aceptar la presidencia de las cinco misiones serranas.









Misión de Jalpan

Acostumbrados ya al trabajo de sus Pames, Serra acometió la construcción de un templo de piedra en Santiago de Jalpan. Hombro con hombro con ellos, acarreó pesadas vigas y bloques pétreos y así surgió la estupenda Iglesia barroca que aún ahora llama poderosamente la atención.

A imitación de ella, otras cuatro se levantaron en las demás misiones. En septiembre de 1752, Junípero se desplazó a la capital y fue designado Comisario de la Inquisición para Nueva España. Cuando años más tarde, en 1770, se entregaron las misiones fernandinas al clero secular, el Arzobispo Lorenzana y el propio Marqués de Croix, encomiaron altamente la labor misional cumplida.

El Siervo de Dios renunció a su cargo de Presidente mediado 1754, pero Palóu y él siguieron trabajando en Jalpan hasta septiembre de 1758.


4.- Predicación popular por Nueva España. Sus oficios.

En marzo de aquél año los comanches de Texas habían arrasado la misión de San Sabá de la Santa Cruz y asesinado al Presidente Fray Alonso Giraldo de Terreros y al fernandino José Santiesteban. Para sustituirlos se eligió a Fray Junípero y Palóu; pero dado que las autoridades civiles retuvieron imprudente restaurar la misión de San Sabá, nuestro Serra fue empleado en otro de los cometidos de los Colegios Apostólicos, las misiones entre fieles. Después de ocho años de vida activa, acomodó su espíritu a la rutina regular del claustro, imponiéndose austeridades mayores que las exigidas por el propio Colegio.

Obtuvo el máximo de votos para el cargo de Guardián de San Fernando en diferentes capítulos, más logró que no se le confirmara, si bien en 1761 tuvo que aceptar el oficio de Maestro de novicios, que desempeñó hasta noviembre de 1764.

Por espacio de ocho años y medio, predicó misiones populares en varias diócesis de México, consiguiendo abundantes conversiones; desde 1758 a 1767 recorrió unos 4,400 kilómetros, considerable ajetreo para un hombre de su edad y con la pierna ulcerada.
















Cruz de Caravaca


5.- Apostolado en ambas Californias.

Carlos III, Rey de España, ordenaba perentoriamente en junio de 1767 la expulsión de la Compañía de Jesús de todos sus dominios. Las misiones jesuíticas de la península de California fueron asignadas el colegio de San Fernando, que llamó inmediatamente a Fray Junípero, ocupado a la sazón en la región de Mezquital. Con él de superior, 14 fernandinos se dirigieron al nuevo destino el 16 de julio de 1767.

A sus 54 años, la obediencia le destinaba a la magnífica empresa de su existencia: implantar Fe y civilización en las tierras inéditas de la Alta California.

Los frailes desembarcaron en Loreto, Baja California, el 1 de abril de 1768. Ocupaban los dos tercios superiores del territorio indios Cochimíes, dejando el tercio meridional para gentes de habla Guaicurán; según cálculos acertados de los Jesuitas, que estuvieron 60 años entre ellos, llegaban a 50,000 habitantes.

El virreinato de Nueva España veíase amenazado por aquella época desde las posesiones francesas de Luisiana; ante las costas septentrionales americanas del Pacífico podría presentarse la potencia naval inglesa; y sobre todo tramperos y colonos rusos descendían ya desde Alaska.

Para conjugar tal situación, el Visitador General José de Gálvez debía promover la ocupación preventiva de Alta California. Entre el 31 de octubre de 1768 y el 10 de enero siguiente, Gálvez y Serra sopesaron con minuciosidad todos los aspectos de las cuatro expediciones proyectadas hacia lo desconocido. Las tres primeras se pusieron en marcha en los meses iniciales de 1769; la cuarta, por tierra, llevaría por Comandante a Gaspar de Portolá y a Junípero como capellán y diarista, quien, no obstante el empeoramiento de su pierna, expresó confianza irreductible en llegar al puerto de San Diego. El único Diario escrito por él, recoge puntualmente las incidencias de la larguísima caminata, empezada el 28 de marzo de 1769. La caravana avistaba el 1 de julio la deseada bahía de San Diego, con los Barcos <> y <> fondeados en ella.












Relicario Indígena de Fray Junípero

6.- Fundación de misiones en Alta California.

A pesar de que el escrobuto había diezmado las tripulaciones y causaba estragos en la tropa, el día 16 se procedió a fundar la primera misión de Alta California, la de San Diego de Alcalá. Cansados de los extraños huéspedes, los indios atacaron el 15 de agosto, poniendo a prueba la voluntad de sacrificio del Siervo de Dios. Después de buscar en vano el abrigo de Monterey y en vista de la penuria de abastecimientos, pues no comparecían las navíos de socorro, el Comandante Portolá decidió abandonar San Diego; entonces se presentó providencialmente la nave <>, cuando Junípero había resuelto quedarse ahí con otro compañero.

El 3 de julio de 1770 se erigió la misión de San Carlos Borromeo en Monterey, identificado por fín; pasado un mes, Pedro Fages suplantaba a Portolá en la comandancia de los nuevos establecimientos californianos. En julio de 1771, el Padre Presidente establecía la misión de San Antonio de Padua y en agosto surgía la de San Gabriel, englobada ahora en la megápolis de Los Angeles.

El 1 de septiembre de 1722, Serra fundaba otra misión, la de San Luis Obispo de Tolosa. Se iba poblando la costa de nombres franciscanos enlazados por el llamado Camino Real, verdadero cordón umbilical de la California Hispana.

El catalán Fages demostró intemperancia con los religiosos y los acusó por carta ante el Virrey. Junípero debía defender a sus súbditos y ya que el Comandante controlaba el correo, decidió ir a México, olvidándose de sus 60 años, de las enfermedades y de los 2,000 kilómetros de distancia.

Mal repuesto de fiebres malignas que le habían postrado en Guadalajara y Querétaro, pudo alcanzar el Colegio de San Fernando el 6 de febrero de 1773 y cuando su debilidad no le forzaba a guardar cama, observó con religiosidad extrema la vida conventual. Por orden del Guardián, redactó un informe sobre la situación de California y el 15 de marzo lo entregó al Virrey Bucareli, quien recordaría años después la impresión causada por el Siervo de Dios, cuyo celo Apostólico ensalza y cuyas ideas adoptó complacido.

Agotado y envejecido, pero con el alma puesta en Dios, Serra Salía de la Capital en septiembre de 1773; para despedirse había besado los pies de la comunidad de su colegio.
La nueva fragata <> con el a bordo, se vió obligada a recalar en San Diego el 13 de marzo de 1774; días después, el 22, llegó a la misión de San Gabriel el Capitán Juan Bautista de Anza con una partida, abriendo así la ruta terrestre entre Sonora y California, calurosamente recomendada por el Padre presidente al Virrey.

Luego de visitar San Gabriel, San Luis y San Antonio, Junípero entraba en su residencia del Carmelo a primeros de mayo de 1774. Fernando de Rivera y Moncada, nombrado recientemente Comandante, se presentói en Monterey el 23 del citado mes, con el impetuoso y depuesto Pedro Fages realizó Serra un hermoso acto de caridad que conmovería al Virrey.


7.- Entre dificultades y desastres.

Transcurrido un año de relativa tranquilidad y de cristiuanización progresiva, Rivera frenó de continuo el dinamismo creador del Siervo de Dios, cuyo propósito consistía en dejar establecidas 10 u 11 misiones antes de morir; de momento , solo 5 jalonaban el Camino Real entre el puerto de San Diego y la Bahía de Monterey.

Aunque 1775 resultó aciago para la Alta California -entre otras adversidades, ocurrió el incendio y asalto por los Indios a la misión de San Diego-, también alcanzó su apogeo la gran política de Bucareli, animada por el monarca Carlos III, y en ella tuvo parte relevante el Siervo de Dios, encandilado por la idea de los pueblos que esperaban el Evangelio a lo largo de las costas septentrionales del pacífico.

Cuando Junípero dirigía personalmente la reconstrucción de San Diego, el Comandante hizo suspender los trabajos, temeroso de un hipotético ataque indígena; las obras se reanudaron el 17 de octubre de 1776 y en noviembre Serra declaró fundada la Misión de San Juan Capistrano y regresó a Carmelo en enero de 1777. En el mes siguiente, Felipe de Neve se instalaba cual nuevo Gobernador en Monterey, elevada a capital de las Californias; en seis años, la Alta California había superado el desarrollo de la Baja. Otra noticia consoló al Padre Presidente: la Santa Sede Autorizaba al Colegio de San Fernando para que uno de sus misioneros administrara el sacramento de la Confirmación; sin embargo, no llegó la patente oficial del privilegio.




8.- Problemas en ocasión del Sacramento de la Confirmación

Presto se desvanecieron las esperanzas depositadas en Neve, personaje que hizo cuanto pudo en 6 años para secularizar la empresa de California y deparó a Fray Junípero más amarguras que nadie.

Desde últimos de septiembre de 1777 hasta el 11 de octubre, el presidente visitó las misiones de Santa Clara y San Francisco y a comienzos de 1778 su amigo el virrey de Bucareli le anunciaba que las Californias no dependían ya de su autoridad, pues formarían parte de las recién creadas Provincias Internas, organismo gobernado por el Comandante General Teodoro de Croix desde la sede de Arispe. A mediados de junio de dicho año, Serra recibió la Patente para poder confirmar.


9.- Amenazas sobre las misiones. Muerte ejemplar de Fray Junípero

Sombríos presagios se cernían desde hacía algunos años sobre las misiones californianas. Fray Antonio de los Reyes, veterano miembro del Colegio de Querétaro y preconizado Obispo de Sonora, propugnaba la creación en las Provincias Internas de 4 Custodias Franciscanas, desvinculadas de las Provincias y Colegios; una de tales custodias, la de San Gabriel, abarcaría ambas Californias, con la consecuencia de que todas sus misiones se confiarían a una sola Orden Religiosa, la de los dominicos en la mente de Reyes. Cercano al fin, el Siervo de Dios expresa en su ultima carta conocida seria aprensión de que su obra, fruto de tantos afanes apostólicos, escapara de manos franciscanas, aunque acepta sumiso la voluntad del Señor y termina solicitando oraciones a la Virgen Santísima.

Al caducar la facultad de confirmar en julio de 1784, se reconcentró en sí mismo. Fray Francisco Palóu acudió al Carmelo, llamado por Serra, y maestro y discípulo comentaron durante varios días la escasez de voluntarios para las misiones. El 26 de agosto de 1784 repitió la confesión general entre lágrimas; al día siguiente, marchó por su propio pie a la capilla para recibir la Sagrada Eucaristía y por la noche le fue administrada la extremaunción.

Parecía algo mejorado con el amanecer del día 28 y salió a saludar a los oficiales del navío <>; pero la hermana muerte lo encontró poco antes de las dos de la tarde recostado sobre la cama de tablas y con su crucifijo misional en el pecho.

Su trabajada vida había durado 70 años, 9 meses y 4 días; casi durante 54 vistió con dignidad el sayal franciscano; de sus 46 años de sacerdocio, 35 y medio se consumieron como misionero apostólico y dedicó los 15 últimos a roturar el campo pagano de la Alta California.

Desconsolados, los indios velaron toda la noche el cadáver del entrañable <> que los había engendrado en Jesucristo y recortaron su hábito y cabellos. Tras solemnes funerales celebrados el domingo 29 de agosto, los venerables restos de Fray Junípero Serra fueron inhumados en el presbiterio, en el lado del Evangelio, cabe la tumba de su querido alumno Padre Crespí. Todavía ahora yacen allí, en el templo de Misión de San Carlos de Monterey o el Carmelo, su residencia como Presidente de las Misiones del Colegio de San Fernando de México.

Hoy celebramos la memoria del Beato Fray Junipero Serra

De familia campesina, Junípero realizó sus primeros estudios en el convento de San Bernardino, en Petra (Mallorca, España). Posteriormente estudió en el convento de San Francisco y de Jesús en Palma de Mallorca. En 1730 ingresó en la congregación franciscana y recibió el nombre de fray Junípero. Obtuvo el doctorado en Filosofía y Teología en la Universidad Lluliana de Palma de Mallorca. Ocupó la Cátedra de Teología entre 1743 y 1754.


A las misionesEn 1749, junto con veinte frailes franciscanos, se va de misionero a al Virreinato de la Nueva España (México). Llegan al Puerto de Veracruz el 7 de diciembre. Mientras sus acompañantes siguen su camino hacia la ciudad de México a lomos de mula, fray Junípero y un acompañante deciden hacer el camino a pie. A raíz de ese viaje contrae una dolencia en una pierna que le acompañará el resto de sus días.


El primer destino de fray Junípero fue Santiago Xalpan (Hoy Jalpan de Serra) en la Sierra Gorda de Querétaro, donde permanecería 9 años dedicado a convertir a los indígenas pames de la zona, al tiempo que les enseñaba los rudimentos de la agricultura, de la ganadería de tiro y de labor, así como a hilar y tejer.


El siguiente destino de fray Junípero debería haber sido el inhóspito territorio apache. Sin embargo, la muerte del virrey detuvo la salida del grupo misionero hacia aquellas tierras, por lo que el fraile tuvo que esperar en la ciudad de México por espacio de varios años antes de recibir su siguiente destino misional.


En 1767, Carlos III decretó la expulsión de todos los jesuitas que radicaban en la Nueva España. Dicha orden afectó a los misioneros Jesuitas que atendían la población indígena y europea de las Californias, que fueron sustituidos por 16 misioneros de la orden de los franciscanos encabezados por fray Junípero. La comitiva salió de la ciudad de México el 14 de julio de 1767, embarcó por el puerto de San Blas (Nayarit) rumbo a Loreto (Baja California), hogar de la Misión de Nuestra Señora de Loreto, que es considerada la madre de las misiones de la Alta y Baja California.


En 1768 los frailes se embarcaron en la nave San Carlos hacia Alta California para llevar el Evangelio a los indígenas. Al mismo tiempo, salió Junípero Serra con otro grupo por tierra, con ganado para las nuevas fundaciones. La primera en la Alta California fue San Diego de Alcalá en 1769.


A partir de la fundación de San Diego, Junipero funda, en el curso de 15 años, otras 9 misiones siguiendo la línea de acción establecida durante su estancia en la Sierra Gorda de Querétaro. Cuando llegaban a un lugar conveniente, construyen una capilla, unas cabañas para residencia de los frailes y un pequeño fuerte protector contra posibles ataques. Acogían a los indígenas que se aproximaban movidos por la curiosidad y, una vez ganada su confianza, les invitaban a establecerse en las proximidades de la misión.


Los frailes evangelizaron a los indios y al mismo tiempo les enseñaban las diversas artes ya que los indios eran muy primitivos y no conocían la agricultura ni acostumbraban a vestirse. Aprendieron además de agricultura, la ganadería, albañilería, carpintería, herrería y albañilería. Las mujeres recibían adiestramiento en las labores de cocina, costura y confección de tejidos.


Fray Junípero murió en la Misión de San Carlos Borromeo (Monterrey, California), el 28 de agosto de 1784. Allí están sus restos.Las misiones se convirtieron en grandes ciudades: Los Ángeles, San Francisco, San Diego, Sacramento, etc.


El papa Juan Pablo II lo beatificó el 25 de septiembre de 1988.

viernes, 19 de agosto de 2011

Triste realidad en Argentina

Los franciscanos dejan San Rafael después de 76 años

En un principio, la medida es por dos años a la espera de vocaciones sacerdotales. Los fieles presentaron un proyecto en el Concejo Deliberante.

Edición Impresa: viernes, 19 de agosto de 2011
Daniela Larregle - dlarregle@losandes.com.ar

Durante décadas los frailes franciscanos acompañaron el crecimiento de la comunidad de San Rafael. La parroquia San Antonio de Padua, ubicada sobre la avenida Balloffet, fue un emblema de la iglesia católica que cobijó a generaciones; por eso, la noticia del retiro de los frailes de la congregación del departamento sureño movilizó a los fieles en busca de ayuda para no perder un espacio de contención religioso y espiritual.

Por esta razón, un grupo de personas allegadas a la parroquia se reunió y presentó un proyecto en el Concejo Deliberante el cual aprobó donde se declara "patrimonio cultural departamental la Orden de los Frailes Menores Franciscanos en San Rafael, preservando la Casa Franciscana y Parroquia fundada por el padre Gerardo Ureña". Además, el segundo artículo de la ordenanza solicita al superior de la provincia Franciscana San Francisco Solano, la permanencia de la Orden Franciscana en San Rafael.Cabe destacar que el retiro obedecería a la falta de sacerdotes de esa orden.

De los tres sacerdotes que habían, sólo queda uno que también deberá retirarse. La partida sería solamente por unos años, hasta que recuperen vocaciones, mientras tanto la diócesis de San Rafael se haría cargo de la parroquia.La presencia de la Orden en el sur mendocino se remonta a 1805 cuando un franciscano mapuche -Francisco Inalicán-, oriundo de Chillán (Chile) participó del parlamento realizado en el primitivo asiento de la ciudad de San Rafael entre las tribus puelches, pehuenches y los comisionados por el virrey del Río de la Plata, Rafael de Sobremonte.

Fray Inalicán actuó de intérprete y fue designado tras el acuerdo para la fundación del Fuerte de San Rafael como párroco, maestro de la Villa y misionero entre las tribus de la región por un lapso 20 años. Además fue colaborador del general San Martín cuando era gobernador de Cuyo.En 1935, reapareció la orden en la zona cuando se instalaron en Villa Atuel, donde fundaron la parroquia de la Inmaculada Concepción, la que era atendida por un solo sacerdote: fray Juan José Ángel, que viajaba para la atención religiosa de los feligreses a Malargüe, Monte Coman, Real del Padre, Jaime Prats, Atuel Norte y Villa Atuel.

Desde allí atendían toda la región sur de la provincia.En 1951, la presencia franciscana se consolida en San Rafael con la edificación de parroquia San Antonio de Padua y años más tarde, en 1960, con la fundación del colegio San Antonio.La parroquia hoy comprende un pequeña porción de ciudad y un distrito rural de Cuadro Benegas con su capilla Santa Clara de Asís y de otros departamentos como Malargüe y General Alvear, por tratarse del último reducto franciscano en el sur mendocino.En todos estos años, los frailes y su comunidad siguieron un plan pastoral en el que se destacó el acompañamiento de la familia y la juventud, siempre dentro de la experiencia de San Francisco de Asís.

La escasez de sacerdotes que se da en muchas congregaciones es la realidad de los franciscanos. Hace unos 50 años hubo un florecimiento de vocaciones que fue reduciéndose con el pasar del tiempo, pero entonces esta congregación tenía entre alrededor de 20 ordenaciones sacerdotales por año.Si bien el colegio San Antonio continuará funcionando al igual que la iglesia, los fieles esperan que su pedido sea escuchado desde la Orden Franciscana. "Decidimos presentar el proyecto por el artículo 100 bis y fue tomado por el concejal Edgar Rodríguez, pero todos los ediles se hicieron eco de la nuestro pedido", comentaron los fieles.

Tomado de:

jueves, 18 de agosto de 2011

Triste realidad en México

Adiós a los franciscanos en los Vergeles
Esperan que los nuevos encargados continúen su labor
Publicada: 18 agosto 2011

Después de una decada de ejercer su ministerio sacerdotal en la parroquia de Santa María Goretti, en el fraccionamiento Vergel III, la Orden de Frailes Menores de la Provincia Franciscana "San Felipe de Jesús" entregará la iglesia a la Arquidiócesis de Yucatán a finales de este mes o principios de septiembre.

El 1 de agosto de 2001, cuando se erigió la comunidad en parroquia y se dedicó a Santa María Goretti, los franciscanos asumieron la responsabilidad del templo, en el oriente de Mérida.

Desde hace un año sólo fray Alfredo Andalón Aguilar y el diácono franciscano Mario Gabriel Moo Chalé tienen a su cargo la atención de la comunidad, con un censo de 30 mil habitantes en los Vergeles.

El sacerdote confirma que entregarán el templo en unos días, tras recibir la notificación de sus superiores de que, después de 10 años de servicio en la zona, se decidió dejar la comunidad porque no hay personal suficiente para atenderla.

Fray José Rodríguez Carballo, ministro general de la Orden, la máxima autoridad franciscana, ha dicho que si por alguna situación es necesario dejar una casa entonces hay que hacerlo.

Fray Alfredo admite que éste es un fenómeno que se registra en todo el mundo porque ha disminuido el número de hermanos. Por este motivo se tomó la decisión de entregar Santa María Goretti a la Arquidiócesis.

El sacerdote añade que situaciones como éstas ocurren desde hace mucho tiempo y están reportadas en biografías y documentos de la época del fundador, como la "Vida segunda de San Francisco" de Tomás de Celano: "No te inquietes, pues antes bien trabaja por tu salvación, porque, aun cuando el número de la Religión se redujere a tres, la Religión permanecerá por siempre firme, con mi protección".

Fray Alfredo indica que Santa María Goretti es una comunidad activa que se caracteriza por su población juvenil y grupos de seglares franciscanos que no deben desaparecer. "El anhelo que tenemos es que lo poco o lo mucho trasmitido lo sigan cultivando. Me daría tristeza que abandonaran su apostolado", confiesa.- Claudia Sierra Medina.

En la imagen aparece Fray Alfredo Andalón Aguilar en una de las áreas de la iglesia parroquial de Santa María Goretti, en Vergel III, donde se llevan al cabo trabajos de mejorasSanta María Goretti fue erigida en parroquia hace una década Ver fotos(2)
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En contexto:
La parroquia | Datos

Santa María Goretti es una comunidad que surgió a mediados de la década de 1990.

Recuento

Hasta antes de la llegada de los franciscanos era atendida por el presbítero Pedro Mena Díaz.

Destinos

Es probable que fray Alfredo Andalón Aguilar sirva en San Judas Tadeo de Chetumal y el diácono Mario Gabriel Moo se traslade a Cancún, ya que para fortalecer la Orden los franciscanos se concentrarán en algunas ciudades.


Tomado de:

martes, 16 de agosto de 2011

La imitación de la paciencia de Cristo

Que mis lectores escuchen ahora un relato de la devoción con la que San Francisco de Asís recitaba su breviario, y aprenderán entonces que el Oficio Divino no puede ser dicho sin el ejercicio de la más grande paciencia.
En su Vida de San Francisco, San Buenaventura dice así:
«Este santo hombre estaba tan habituado a recitar el Oficio Divino con no menor miedo que devoción hacia Dios, y aunque sufría grandes dolores en los ojos, estómago, columna, e hígado, nunca se hubiera recostado en alguna pared o detenido mientras lo cantaba, sino que de erguido de pie, sin su capucha, mantenía sus ojos fijos, y tenía la apariencia de una persona en desmayo. Si estaba de viaje, se mantenía a su horario regular, y recitaba el Divino Oficio en la manera usual, sin importar si una lluvia violenta estaba cayendo. Se pensaba a sí mismo culpable de una seria falta si, mientras que recitaba permitía a su mente ocuparse con pensamientos vanos, y cuantas veces esto le pasaba se apresuraba a ir a confesión para expiar por ello. Recitaba los salmos con tal atención de mente como si tuviese a Dios presente delante de él, y cuando decía el nombre del Señor, gustaba sus labios por la dulzura que la pronunciación de tal nombre le dejaba».
Tan pronto alguno se esfuerce por recitar el Oficio Divino de esta manera, y levantarse en la noche para rezar Maitines, Laudes y Prima, aprenderá por experiencia la labor y paciencia que son necesarias para el debido cumplimiento de esta tarea.

Extracto tomado del Capítulo X de:

SOBRE LAS SIETE PALABRAS

PRONUNCIADAS POR CRISTO EN LA CRUZ

“De septem Verbis a Christo in cruce prolatis.”

SAN ROBERTO BELARMINO